Fiesta Postuma

El velatorio

Arturo Pérez Arteaga
Por: Arturo Pérez Arteaga

Este, como muchos de mis cuentos, surgió de una conversación donde una amiga relató una anécdota divertidísima con respecto a un familiar muy cercano. La historia me pareció tan buena que pensé que no se podía desperdiciar la oportunidad de ponerla en blanco y negro. Al menos les puedo decir que cuando se lo leí le gustó y se rió bastante.

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Lo mejor que puedo decir de ese hombre es que murió como vivió, montándole los cuernos a su mujer, esta vez con una vecina, la esposa de un hombre que lo quería como a un compadre.

Es que ese porte atlético que le sirvió para destacar en cada deporte que practicó, su voz de tenor, muy afinada, melodiosa, combinada con un trato cariñoso y seductor que prodigaba, se convirtió en su estilo, un imán insuperable a la hora de conquistar mujeres, a las que tuvo por montones de todas las razas y contexturas, culturas y religiones, porque en su sentido ecléctico de la conquista, todas eran merecedoras de sus atenciones amorosas y no se tiene registro de que al menos una se haya negado a sus encantos, ni siquiera las monjas de la escuela donde estudió la educación básica.

Velorio

Su velorio fue una especie de reunión de expiación, donde las mujeres por un lado y en el ala sur, se lamentaban llorando a lágrima suelta el dolor de tan irreparable pérdida, sin importar siquiera la presencia de sus maridos, hijos, ni la de la viuda misma. En el ala norte de la sala, por otro lado, el ambiente que se respiraba era de satisfacción y gozo, porque allí se concentraron todos los hombres que habían sido víctimas de los andares del difunto. La administración del local funerario debió contratar personal de seguridad adicional para evitar que alguna de las féminas del ala sur en un arranque de celos desenfrenado terminara arremetiendo contra cualquiera de sus posibles rivales, además de un personal muy sobrio que a cada rato debía recordar a los visitantes del ala norte lo impropio de reír, celebrar y felicitarse con tanto escándalo en un velatorio, este personal incluso tuvo que confiscar las botellas de alcohol que amenazaban con terminar de convertir la faena mortuoria en una feria patronal.

Sólo la vecina cuyo último goce fue interrumpido por la visita de la inexorable muerte, aprovechó lo apoteósico de las exequias para recoger sus cosas y pagar una rápida y discreta mudanza a fin de poder desaparecer para siempre de aquel vecindario.

@apatrinchera APA:.



El velatorio
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