En la última estación

En la última estación

Relato corto sobre el encuentro de 3 almas, en la Europa de la posguerra


MuyVirtual Poesía

Abundante cabello levemente rizado, cubierto con un delicado sombrero francés de la posguerra; ojos claros de gran tamaño combinados con largas pestañas y cejas finamente delineadas, que en conjunto hipnotizaban en fracción de segundos a cualquier osado caballero que los contemplara; perfilada nariz que apuntaba cual señal luminosa, invitando hacia abajo a contemplar unos labios finamente dibujados con los pinceles de afrodita, rojos como el deseo, pero de textura de duraznos cubiertos de caramelo, e iluminados por unos pocos rayos de sol que entraban por una ventana de vidrios rotos; sentada, esperaba paciente y tranquila, pero emocionada a embarcar rumbo a su destino; con la maleta llena de sueños de lino, de miel y de pan.

Largas piernas cruzadas y hermosas rodillas juntas encerrando como guerreros medievales los secretos de su íntima feminidad. Un muy proporcionado derrière delataba sus epicúreos glúteos; pronunciadas curvas dibujaban su delicada cintura y unos pocos centímetros de hermosa piel más arriba, sus pechos inmaculados pero abrumados por el frío, apuntaban tímidamente al horizonte, mientras sus hermosos brazos cruzados procuraban inútilmente darles calor frotando sus delicadas y esculpidas manos cubiertas con un par de guantes de algodón, que las protegían de la profanidad del contacto con el helado hierro y la madera, con el polvo y el hollín de aquella rústica estación rural de trenes de principio de los años 50.

MuyVirtual Poesía

A paso firme pero pausado, frenado por la heredada sensación del barro mezclado con sangre, dolor y pólvora que le dejó la siniestra guerra, se adentró entre los transeúntes aquella tarde nublada de abril. Recién terminaba el crudo invierno y el trabajo en los bosques disminuyó sus intensas jornadas de corte de la preciada madera, usada principalmente para calentar los hogares de las mermadas familias del pueblo. Forastero a simple vista; sus marcados rasgos nórdicos, su disimulado acento, su ropa impecable pero maltratada con el tiempo y su pequeña maleta de cuero amarrada por un par de cinturones de diferente color, le contaba a cualquiera sobre su origen. Se detuvo en una apartada esquina de la estación a ojear el periódico local, mientras esperaba abordar un tren que lo llevaría hasta la ciudad más cercana, en busca del siguiente trabajo, de otra promesa inducida por los anuncios de una mejor vida.

De segundos a minutos levantaba la mirada, como buscando historias entre las arrebujadas expresiones en los rostros de los desconocidos pasajeros que transitaban cerca. No pasó mucho tiempo al notar un espacio disponible en una banca de la estación y apresuradamente se dirigió a sentarse, sin notar o darle importancia a la presencia de alguien más que pudiese estar cercano a el.

MuyVirtual Poesía

Acomodando su pequeña maleta debajo del asiento, pero un poco hacia afuera para no olvidarla, se dejó caer y sin querer su brazo hizo contacto firme con el brazo de ella. Pronunció una tosca disculpa casi entre dientes, los cuales apretó inconscientemente al buscar su rostro, quedando mudo al instante ante aquella presencia casi celestial. ¿Cómo podía el Sol verse tan divinamente reflejado en aquella hermosa piel de resaltada blancura? Sus latidos acelerados comenzaron inmediatamente a enviar sangre a las partes más escondidas de su cuerpo, levantando duramente su poderoso obelisco, monumento a la lujuria, que quiso abrirse paso en aquella siniestra y apretada prisión de "sourge de Nimes" y cremallera de bronce. Su lengua ahogada hacia presión contra el paladar, deseosa de saborear una y otra vez el acaramelado durazno de aquellos jugosos labios. Como quiso morderlos, chuparlos y lamerlos hasta dejarlos secos. Sin dudar ni un segundo y frenando sus bajos instintos, inclinó su cabeza para hablarle, como quien busca una excusa para ser escuchado entre el ruido y la saludó suavemente acercándose a su tímido pero sensible cuello, un poco por debajo del lóbulo de su oreja.

Ella sintió cada vello de su cuerpo erizarse, como queriendo escapar disparados hacia el cielo, ante el contacto con aquel desconocido mientras trataba de disimular inútilmente los golpes internos en su pecho, los cuales parecían querer esculpir sus senos, está vez en convexas y excitantes formas terminadas, ya no por el frío sino por lo caluroso de aquel fortuito roce. La extraña sensación de vacío en su estómago contrastaba con lo llena que comenzaba a sentirse en la unión escondida y sudorosa de sus muslos. Líquidos corrían en grandes cantidades, acariciando una y otra vez las rosadas paredes de su intimidad, desembocando en un delta furioso, donde la piel se pliega humedeciendo el sexual encaje que lucha por no romperse ante el fuerte instinto del deseo;  justo donde los dioses abren las puertas de las pasiones para tocarse eternamente en frenesí. Sus manos sudadas y temblorosas, sólo alcanzaron a levantarse un poco para devolver el saludo que aquella vibrante y profunda voz, recién había penetrado en lo mas profundo de su ser.

- "¡Ya se va el tren!"

Y ambos abordaron inmediatamente con rumbo al inevitable encuentro de sus cuerpos durante el largo viaje.

MuyVirtual Poesía

Al final del camino, en la última estación de trenes al que la vida lo pudo llevar, estaba él, esperando impaciente su llegada. Sabía que el tiempo había sido benevolente por haber luchado día a día por el amor de ella, por darle el futuro y la vida que su amada merecía. Vestido con fino smoking blanco y cubierto con su larga gabardina de lana, sostenía un hermoso ramo de rosas rojas y tenía sus bolsillos llenos de sueños; en uno la reserva del restaurante más romántico y fino de la ciudad, en el otro y exquisitamente adornado por diamantes, el anillo de compromiso.

MuyVirtual Poesía


En la última estación
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Rating: 5/5 (1 valoraciones)

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

Conecta o crea una cuenta de usuario para valorar esta página.