Porqué los adultos los prefieren obedientes

Porqué los adultos los prefieren obedientes

Queremos que nuestros niños sean “buenos”, que no nos molesten y que no hagan ruido.


obedientes

Todos los padres, sin excepción quieren que sus hijos se porten bien. Sin embargo, si solo nos imponemos para garantizar nuestra comodidad nuestros hijos serán obedientes, pero también temerosos y faltos de interés por la vida. Si queremos que se conviertan en personas vitales y con criterio propio, debemos animarlos a expresarse.

Pero más allá de las apariencias, deberíamos revisar si el “buen” comportamiento de un niño pequeño se debe a su genuina capacidad de vincularse tranquilamente con los adultos, o si por el contrario, es fruto de la represión  y el miedo, sentimientos que luego derivarán indefectiblemente en rencor o desgano.

Los niños llegan almundo dependientes de cuidados maternos. Necesitan ser atendidos, cobijados, alimentados, amados. No hay nada que puedan hacer por sus propios medios. No pueden obtener alimento ni desplazarse ni sobrevivir sin la ayuda de los mayores.

Ahora bien, cada vez que necesitan algo, lo único que saben es llorar o gritar, dependiendo de la fuerza de su necesidad y según el peligro que experimentan- Un niño viral y saludable es posible que grite con todas sus fuerzas ante el dolor, el hambre o sencillamente por falta de compañía. Y si no es escuchado, es posible que “desplace” su grito hacia otra manera de pedir. Puede romper objetos, ponerse enfermo, pegar a sus hermanos, tener pesadillas, morder a otros niños, ahogarse en mocos, en fin él encontrará una serie de recursos para hacerse sentir.

ninos

A estas reacciones, por lo general lo que piensan los padres es que “las buenas maneras no funcionan con ese niño que nació demasiado salvaje”. Entonces, lo amenazan, lo castigan o logran que de alguna manera el niño tenga miedo a las consecuencias o porque ha sido testigo de lo que han padecido sus hermanos mayores.

Ante esta circunstancia, es recomendable que los padres observen que deben evaluar estas realidades tanto del niño como la actitud de ellos hacia el niño con una mirada más amplia, porque las actitudes que asumamos con ellos mientras sean pequeños son las que condicionarán el modo en que ellos responderán en un futuro cercano.

Si todo lo que queremos hoy es estar tranquilos y que el niño no destruya nuestro confort, mañana nos veremos obligados a pagar el precio der las reacciones esperables. En cambio, si nos importa criar seres humanos creativos, responsables, con criterio personal y conexión interior, quizá no sea el momento oportuno para vivir una vida sin sobresaltos.

Sólo hay una manera de determinar si nuestro hijo es saludablemente obediente o responde a la represión o al miedo y es observándolo y comprendiéndolo cotidianamente que es lo que el niño desea, que es lo que nosotros “los adultos” deseamos o necesitamos y llegando a acuerdos que tengan en cuenta ambas realidades emocionales.

Recuerda, tu hijo no es “un adulto en miniatura”, es simplemente ¡un niño!



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