La evolución del derecho o el derecho a la evolución

La evolución del derecho o el derecho a la evolución

Arturo Pérez Arteaga
Por: Arturo Pérez Arteaga

Les hablaré un poco de mi visión del proceso evolutivo por el que hemos atravesado algunos de los seres en el planeta, enfocado en el trato a las mascotas.


Muchas personas prefieren pensar, no sin algo de razón, que la evolución humana no es cierta y que toda la teoría Darwiniana es simplemente basura, porque al igual que cualquier religión es dogmática, basados en que ninguno de nosotros ha visto con sus propios ojos la evolución de una especie como para poder afirmarlo con certeza científica. Desde luego, quienes defienden la posición de Darwin esgrimen, también con su razón, que ese tipo de cambios requieren miles y hasta millones de años para operarse y ser evidentes.

Desde mi humilde punto de vista considero que en los últimos años la especie humana sí ha experimentado cierto tipo de evolución, no una tan radical y física como la aparición o desaparición de un órgano o un accesorio en nuestro cuerpo, sino más bien desde el punto de vista de nuestras actitudes y formas de pensar.

Me enfocaré, para efectos de este artículo, en la posición asumida hacia nuestras mascotas y la manera como ahora les tratamos.

Raton en manos - Mascota

Recuerdo que hace unos años, treinta aproximadamente, cualquiera como ahora podía tener una mascota en casa y con ella se establecía en la mayoría de los hogares una relación de amo-propiedad, similar a lo que ocurría en momentos en los que en la tierra existía la aberración llamada esclavitud humana.

El proceso evolutivo se fue dando lentamente y gracias a un pequeño grupo de personas que inicialmente parecían locos luchando por una cosa que sonaba traída de los cabellos, llamada “derechos de los animales”, fuimos tomando conciencia de que esos seres que cohabitaban junto a nosotros, en nuestros hogares, no eran muebles inútiles o accesorios decorativos, sino que al igual que nosotros, aunque quizá más instintivamente, tienen necesidades adicionales a la vivienda y la alimentación. Esas necesidades incluyen entre otras: el afecto, la protección, el buen trato y el respeto de sus hábitos y sus espacios; incluso descubrimos que ellas, las consideradas nuestras mascotas, sabían de todo eso mucho antes que nosotros y simplemente comenzaron a compartir y disfrutar lo que para nosotros fue un descubrimiento.

Hoy día, gracias al despertar de nuestras conciencias, el grupito de locos ya no existe, se trata de asociaciones organizadas en todo el mundo y de familias enteras, que acogemos a nuestras respectivas compañías de otras especies como parte importante de nuestras familias y sin ellas nuestras vidas no serían las mismas.

Ya tenemos programas de TV, libros, entrenadores, albergues, leyes y muchas otras cosas dedicadas a ayudarnos a entender, cuidar y querer cada día más a nuestros compañeros de otras especies. Cosa que era impensable hace algunos años, al menos a la escala que lo vemos hoy día. A todas y todos, mil gracias por ayudarnos a ser mejores.

No puedo cerrar estas líneas sin hacer un llamado de corazón para que sigamos luchando contra las corridas de toros, toros coleados, peleas de perros, peleas de gallos y cualquier otro tipo de tortura que hoy día todavía algunos bárbaros consideran cultura.

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