Tus huellas y las mias... para las madres en su día

Tus huellas y las mias... para las madres en su día

Arturo Pérez Arteaga
Por: Arturo Pérez Arteaga

Esto lo escribí con motivo de la celebración del día de las madres,  como regalo a mis amadas madres: Benita Del Cármen  (mi madre biológica) y Benita Josefina (mi otra madre). Por ellas y  otras cosas que me ha dado la vida soy un hombre muy afortunado.

Hoy se lo dedico a todas las madres que me leen y en general a todas las mujeres que cubren con su amor el planeta tierra.

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De  niño me encantaba verte ejecutar las labores domésticas, me quedaba  absorto contemplando como por ejemplo, con toda destreza eras capaz de  planchar una camisa, deshuesar un pollo o doblar una de esas inmensas  sábanas que se usan para cubrir las camas.

Recuerdo  que una vez te miraba concentrado mientras tú, cepillo en mano, lavabas  con mucha agua y jabón el piso de la enramada. Intentaba yo ayudarte,  pero era más el tiempo que se me iba admirándote manejar con destreza el  cepillo y desalojando el agua a toda velocidad, con una prestancia tal  que te figuraba bailar con el palo de escoba. En ese preciso momento  noté que en el suelo aún mojado, quedaban marcadas las huellas de tus  diminutos pies descalzos. 

Tanto  llamó a mi atención este hecho que de inmediato intenté hacer lo propio,  comencé a caminar al igual que tú, pero el resultado no era el esperado  por mí, mi huella no se marcaba.

Algo  molesta al principio pero intrigada después, me preguntaste que hacía  caminando por el piso que recién habías lavado y además  mirando hacia  atrás como si estuviese ejecutando una especie de danza. Te expliqué lo  de las huellas y como se marcaban las tuyas pero las mías no. 

Me miraste  con indulgencia y me dijiste que no me preocupara, que era cuestión de  tiempo, que cuando fuera mayor lo intentara y vería que sí se marcaban.

Los  años han pasado y hoy, parado frente a este piso recién lavado y aún  mojado, reconozco tu sabiduria madre adorada, ya no me importa el hecho  de marcar o no las huellas a mi paso por él, porque con toda la  sinceridad que mi corazón me permite, debo decirte que NUNCA MI HUELLA  PODRÁ SIQUIERA IMITAR LA QUE TU HAS DEJADO, NO SÓLO EN AQUEL PISO, SINO  EN EL FONDO DE MI ALMA.

-APA-



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