Aug 19 2022

La leyenda de la tenebrosa mesa de Parinacota en Chile

María L. Rosales F.
Esta mesa data de más de 100 años y que según los pobladores de Parinacota camina sola. Esta mesa andante, anunciaba la muerte de un habitante de la casa al pararse frente a ella.

Parinacota es un poblado perteneciente a la Comuna de Putre en la región de Arica y Parinacota en Chile. Sus límites: al norte, con la provincia de Tacna en el Perú. Al este: con los departamentos de La Paz y Oruro en Bolivia. Al oeste: con la provincia de Arica y al sur con la provincia del Tamarugal en la región de Tarapacá.

De aire gélido y muros que contrastan con su antigüedad e historia, Parinacota no escaba de misteriosas leyendas que han quedado entre sus muros y en el corazón de sus habitantes.

Una de esas míticas leyendas, es la que hace referencia a la llamada “Mesa de la muerte” o la “Mesa embrujada que mora en la iglesia de Parinacota”, de cuya veracidad han hablado sus habitantes por decenas de años y que se hace tangible al saber y constatar que en la actualidad esta extraña mesa se encuentra amarrada a uno de los muros del altar de la iglesia de Parinacota.

En este pueblo, es del conocimiento público la historia de esta mesa de madera que en sus patas arrastra a la parca y que en noches oscuras se paseó incontablemente por las calles del pueblo entre el asombro, miedo y estupor de sus habitantes. Porque aquella mesa, que se arrastraba por las noches, cuando se paraba frente a la puerta de una casa indicaba que allí ocurriría un fallecimiento, inevitablemente.

La mesa en cuestión, tiene sus patas en completo desgaste debido a tantas veces que se arrastró por las calles desoladas del pueblo en horas de la noche, porque sus moradores, al oscurecer se metían en sus casas por temor a la mesa embrujada que anunciaba la muerte.

Esta mesa, es la mensajera de la muerte y en su andar por el pueblo, indicaba inexorablemente la pérdida de un ser querido de la casa donde se posaba. Ya los vecinos no podían hacer nada, la mesa dominaba la noche y las almas de sus pobladores donde el sonido que producía la mesa al arrastrarse, en su recorrido por el pueblo era un sonido que aterraba y que nadie se atrevía a enfrentar.

Pero, según algunos pobladores, no solo recorría Parinacota, sino que también pasaba por el pueblo de Chucuyo y otros caseríos con cuatro velas encendidas, llevándose las almas, alimentándose de ellas y así mantenerse por años como hasta ahora.

Ya el pueblo cansado de vivir en esta incertidumbre, decidieron amarrar por una pata a la mesa maldita al pilar izquierdo frente al altar de la iglesia de Parinacota, donde el desgaste de la soga que va de la pata al pilar da cuenta de las veces que la mesa ha intentado escapar. Pero siempre es vigilada por el cuidador de la iglesia, para que no salga, aun así, hasta hoy, persona alguna se ha atrevido a desafiar esta leyenda desamarrando la mesa y dejándola libre.

En décadas anteriores la iglesia ha recibido pequeñas restauraciones, pero nadie se atreve a quitar la soga con la que está amarrada la mesa.

Y usted, si va de visita a Parinacota, ¿se atrevería a desatarla y dejarla libre?